Posteado por: BPP | septiembre 29, 2008

Objetos prioritarios de conservación en el Golfo de Chiriquí

OBJETOS DE CONSERVACIÓN PRIORITARIOS PARA LA CONSERVACIÓN EN EL GOLFO DE CHIRIQUÍ

PREFACIO

El área del Golfo de Chiriquí comprende la zona costera, insular y marina del Pacífico occidental de Panamá. Comprende toda la costa del Pacífico de la Provincia de Chiriquí y Veraguas.

Se insta a los interesados en los detalles de esta información remitirse a la fuente original citada como referencia que reposa en Nature Conservancy Panamá y bibliotecas especializadas.

Centro de Estudios de Recursos Bióticos

Universidad de Panamá

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OBJETOS DE CONSERVACIÓN PROPUESTOS

Por: Alicia Ibáñez

Siguiendo el proceso de planificación para la conservación de sitios (TNC, 2000), se han identificado un grupo de ecosistemas, procesos ecológicos y especies importantes para la conservación, definidos como los principales objetos de conservación en el Sitio Golfo de Chiriquí, los cuales se describen a continuación:

BOSQUES HÚMEDOS DE TIERRAS BAJAS CONTINENTALES

Este tipo de bosques, característico de las tierras bajas del Pacifico centroamericano, prácticamente ha desaparecido de su ámbito natural en la Republica de Panamá, a excepción de la región del Darién. En el área del Golfo de Chiriquí, hoy en día únicamente existen remanentes de pequeña extensión en los lugares mas inaccesibles. La mayor parte de los fragmentos mas importantes que aún persisten no están incluidos en ningún área protegida, a excepción del Parque Nacional Cerro Hoya, aunque en este, los bosques mejor conservados son los submontanos y montanos. Los remanentes de bosques húmedos y muy húmedos que aún se encuentran en la región de estudio actúan como centres de refugio de numerosas especies, tanto de fauna como de flora, que han perdido la mayor parte de su hábitat natural en el Pacifico. Es además el tipo de bosque mas amenazado por la tala para su transformación en potreros y tierras agrícolas. Por todas estas razones es prioritaria su conservación.

Los principales reductos de bosques húmedos y muy húmedos en tierra firme en el área del Golfo de Chiriquí se ubican de oeste a este:

1. Bosques en la Península de Burica

Las áreas donde se localizan los principales reductos de este tipo de bosque en la península de Burica son Chorogo, Palo Blanco, Charco Azul y el área denominada Quebrada Mellicita.

En Chorogo, corresponden a una franja de bosque que se extiende por 10 km a lo largo de la frontera de Panamá con Costa Rica, a unos 11 km al oeste de Puerto Armuelles. Limita al norte con el río Palo Blanco, al este con el río San Bartolo, y al oeste y sur con la frontera de Costa Rica (Angehr, 2003). Este bosque maduro e inalterado, se encuentra situado entre los 500 metros y la cima de las colinas a 689 metros, y ocupa unas 1,022 hectáreas (Santamaría, 1997).

En Palo Blanco, esta representado en un parche de bosque maduro de unas 200 hectáreas situado en el cañón del Río Palo Blanco, entre 150 -400 metros de altitud.

En Charco Azul, este corresponde a un bosque secundario joven de 121 hectáreas situado alrededor de la quebrada Mérida, en el área costera, 4 km al sur de Puerto Armue­lles. Se encuentra dentro del área de operación de las instalaciones de la empresa Petroterminal de Panamá (PTP).

En el área designada como Quebrada Melli­cita se localizan los 5 fragmentos de bosque maduro que se encuentran en las quebradas Mellicita, Melliza y Manzanillo, situados de 7-11 km al sur de Puerto Armuelles y a un kilómetro de Charco Azul (Angehr, 2003). Estos corresponden a fragmentos grandes y varios más pequeños, de entre 2 a 56 hectáreas, con una superficie total de 224 hectáreas. El valor de conservación de esta área se elevaría si estos fragmentos boscosos pudieran ser enlazados entre si y con Charco Azul, por medio de la reversión de los pastizales intermedios a vegetación de crecimiento secundario (Angehr, 2003).

2. Bosques en los alrededores de David

En los alrededores de David, estos reductos de bosque se localizan en cerro Batipa y en diversos fragmentos en las islas Sevilla, Chalapa, Boquita de Muerto y Boca Brava.

El área de cerro Batipa es una finca privada de alrededor de 3,000 hectáreas, de las cuales unas 330 corresponden a bosque maduro (Angehr, 2003). Otras 400 hectáreas están cubiertas de bosque secundario que el dueño de la finca planea dedicar a la tala selectiva convertir en plantación de teca (Samudio, com. per.). El valor de conservación de este bosque se podría incrementar mediante corredores boscosos de interconexión con la galera de Chorcha.

Por otro lado, en las islas Sevilla, Chalapa, Boquita de Muerto y Boca Brava existen parches de bosques poco alterados, aunque se desconoce su extensión (Valdespino & Santamaría, 1999).

3. Bosques en el sur de la Península de Soná

Los principales remanentes de bosques en el sur de Soná se localizan en Punta Pajarón, cerro Punta Muerto, Punta Gorda, Punta Mona, Isla Canales de Tierra, sur de la Península del Naranjo, desde Punta Naranjo hasta Punta Cativito y Punta Cativo. No se conoce la extensión exacta de estos parches, aunque la mayoría son de pocas hectáreas. Son bosques secundarios en mayor medida, aunque también hay fragmentos de bosque maduro en los sitios mas inaccesibles, como en el área de Playa de Juana o en la cabecera del río Seco, al sur de la cordillera. Gran parte de esta región sur de Soná y algunos de los principales remanentes de bosques han sido recientemente adquiridos por la compañía Bahía Honda LDC.

Los bosques acantonados en las partes más altas de la cordillera al sur de la falla de Soná, a unos 500 – 600 metros, son unos de los mejores de la zona, que se mantienen mas o menos protegidos del fuego al que son sometidas las áreas circundantes por la existencia de un cinturón rocoso.

4.  Bosques en la faja basal del macizo de Azuero

La mayor parte de los bosques húmedos de tierras bajas del macizo de Azuero han sido talados para dar paso a la ganadería extensiva. Quedan pequeños reductos rodeados de áreas ganaderas principalmente en el Parque Nacional Cerro Hoya, cuya extensión no ha sido determinada (Carrasquilla, 1998; Deago, com. per.). Estos parches, al igual que los situados fuera de las áreas protegidas son de importancia fundamental para la conservación de varias especies animales, como el perico carato, que depende totalmente de especies arbóreas que crecen en esta faja altitudinal como el Couratari guianensis. Otra especie en peligro de extinción es la guacamaya verde que se alimenta del fruto del cuipo (Cavanillesia platanifolia), árbol dominante en estos bosques (Delgado, com. per.).

BOSQUES SUBMONTANOS Y MONTANOS

Los bosques submontanos y montanos situados en el macizo de Azuero, sobre todo dentro de los limites del Parque Nacional Cerro Hoya, y de manera mas fragmentada a lo largo de toda la cordillera, se encuentran aislados del resto de bosques similares de la cordillera Central de Panamá. Debido a la historia geológica de esta región, estos bosques, en cerro Hoya dominados por la asociación Quercus lancifolia, Oreomunnea mexicana, podrían ser una reliquia del Cenozoico (Carrasquilla, 1998). Actualmente, son de una importancia fundamental para proteger el caudal de todos los ríos que se originan en las tierras altas de Azuero. Los bosques de la Reserva Forestal El Montuoso protegen la cuenca alta de los ríos La Villa, Mariato, Tebario y Suay, suministrando agua potable a las principales comunidades de Azuero, como es el caso del río La Villa, que suministra agua a mas de 100,000 personas (Garibaldi, 2003).

No se conoce exactamente la extensión de los bosques submontanos y montanos, aunque se ha estimado que ocupan un 70% de la superficie del Parque Nacional Cerro Hoya (Grupo Azuero Natural Ecológico, 1997). Se encuentran también en las Reservas Forestales El Montuoso y La Tronosa, y de manera mas fragmentada, en la cabecera y cuencas altas de los ríos Palo Seco, Negro, Noneca, Flores en Veraguas, y las fuentes del río Tonosí en Los Santos.

BOSQUES SEMIDECIDUOS O DECIDUOS

Esta formación boscosa aparece muy amenazada, especialmente por la tala de especies maderables valiosas, como el cedro espino (Pachira quinata), zorro (Astronium graveolens) y roble (Tabebuia rosea), entre otras. Otra amenaza son las quemas realizadas por los campesinos, normalmente en proceso de limpieza de terrenos adyacentes.

Los mejores ejemplos de este tipo de bosque aparecen en las laderas del cerro Batipa, con un parche bastante viejo y poco alterado (Valdespino & Santamaría, 1999; Samudio, com. per.). En las faldas de la gran galera de Chorcha se encuentra una franja de bosque semideciduo y deciduo bien conservado (Angehr, 2003; Valdespino & Santamaría, 1999). También en el cerro Barro Blanco, a un kilometre del anterior, existe este tipo de formación (Angehr 2003). Ha sido citado detrás del manglar en el estero El Jobo (La Barqueta) (Gomez V., 2002).

Este tipo de vegetación se encuentra bien representado en la península de Soná, sobre todo en la isla Canales de Tierra y el borde costero del área continental (Ibánez & Castro viejo, 2005), al igual que en algunos sectores del occidente de la isla de Coiba (Ibánez, 2001

Aparece también en el borde costero y faja basal del Parque Nacional Cerro Hoya (Carrasquilla, 1998).

Este objeto de conservación no ha sido representado en los mapas, como se señaló anteriormente, debido a que aparece muy disperse por toda la región de estudio, nor­malmente en pequeños parches donde se dan las condiciones ecológicas adecuadas.

MANGLARES

Los manglares de la región de estudio son, junto con los del Darién, unos de los más desarrollados y extensos del país. Este ecosistema juega un papel ecológico importantísimo, sobre todo en el mantenimiento de las pesquerías y la protección de las costas frente a la erosión marina (Cintron et. al., 1985). Son además el refugio de numerosas especies de fauna.

Las principales amenazas que enfrentan los manglares son la tala para obtención de madera y carbón, además de su conversión en pastizales para ganado y tierras agrícolas o fincas camaroneras. Otro uso que tradicionalmente se ha dado en los manglares es la extracción de corteza de mangle rojo (Rhizophora sp.) para la producción de taninos utilizados en el curtido de cueros (Vergara-Cárdenas, 1997).

Es muy posible que también sea un problema la contaminación por insecticidas y otros agroquímicos, ya que prácticamente todos los manglares en la región de estudio están rodeados por campos de arroz y otros cultivos. Esta contaminación ha sido citada en los Humedales del Golfo de Montijo (Ponce & Fuenmayor, 2001). También en ellos se da la caza de especies de aves típicas de estos ambientes, como los patos.

Las principales áreas de manglares en nuestra área de estudio son, de oeste a este:

1.  Manglares al sur de David

Los manglares que se desarrollan al sur de la ciudad de David tienen el área individual de este tipo de vegetación mas grande de Panamá, con alrededor de 26,000 hectáreas i Angehr, 2003). Estos manglares no están protegidos a excepción de una pequeña franja en el Refugio de Vida Silvestre La Barqueta.

La vegetación de manglar esta menos alterada que otro tipo de bosques en la zona v actualmente se esta aprovechando a muy pequeña escala. La mayor perdida de extensiones de manglar para su transformación en tierras de cultivo se dio en la década de los 80 (Valdespino & Santamaría, 1999).

Es el único sitio en Panamá donde se piensa que existe una población significativa de cotinga piquiamarillla (Angehr, 2003), además de ser una zona de gran importancia para aves playeras migratorias.

2.  Manglares de San Lorenzo- Las Lajas

Se desconoce la extensión y estado de estos manglares.

3. Manglares de Remedios- Quebrada de Piedra

Se desconoce la extensión y estado de estos manglares.

4. Manglares de Puerto Vidal- La Corocita

Se desconoce la extensión y estado de estos manglares.

5. Humedales del Golfo de Montijo

Son los segundos en extensión, después de los manglares de David, con cerca de 20,098 hectáreas (Ponce & Fuenmayor, 2001). Se encuentran en los estuarios de los grandes rios de la zona como el San Pablo, San Pedro, Gato, Cativo, San Andrés, de Jesús, Ponuga, Negro, Pina y Suay. Es una importante área de invernada para especies migratorias y amenazadas a nivel nacional (Angehr, 2003).

6. Manglares del río Pavo

Corresponden a una pequeña extensión de manglar situado en el sur de la Península de Azuero, a 4 km del Parque Nacional Cerro Hoya. Es un área muy importante desde el punto de vista de la conservación por ser un lugar de anidación de la cigüeña americana (Angehr, 2003).

OTROS BOSQUES INUNDABLES

Los bosques inundables aparecen generalmente bordeando las áreas de manglares. Son considerados objetos de conservación ya que forman un ecosistema único, que sólo está bien conservado y protegido en la isla de Coiba. En ellos crecen espe­cies muy amenazadas, como el cativo (Prioria copaifera).

En el área situada al sur de David y bordeando los manglares se encuentra un importante parche de bosque inundable formado principalmente por alcornoque. Ocupa una exten­sión de alrededor de 1,786 hectáreas y, en general, esta poco alterado, ya que hasta ahora no se ha utilizado esta especie como fuente de madera, aunque estos bosques son considerados como una fuente potencial de esta (Valdespino & Santamaría, 1999).

En La Barqueta los bosques inundables de anón de puerco (Annona glabra) han sido fuertemente afectados por la actividad agrícola de la zona (Valdespino & Santamaría, 1999; Gómez V., 2002). Se desconoce la extensión de estos bosques.

Un área de importante extensión de bosques aluviales ocasionalmente inundados se encuentra en el Golfo de Montijo y en gran parte no esta incluida en el área protegida. Son alrededor de 2,119 hectáreas sobre todo en la parte alta del estuario del rio San Pablo y parches menores en los ríos de Jesús, San Pedro y Gato, de las que 783 hectáreas se encuentran fuera del humedal (Ponce & Fuenmayor, 2001).

ISLA DE COIBA

La isla de Coiba debe ser considerada como un objeto de conservación en si misma debido, en primer lugar, al excepcional estado de conservación de sus ecosistemas terrestres, dulce-acuícolas y estuarinos, prácticamente inalterados al no haber tenido apenas población humana desde 1919, cuando paso a albergar una colonia penal. La existencia de grandes extensiones de bosques húmedos de tierras bajas y manglares es por lo tanto una situación única en la deforestada vertiente Pacifica de Panamá.

En segundo lugar, el hecho de ser una isla “puente de tierra”, que alguna vez estuvo unida a tierra firme, en este caso al menos durante la ultima glaciación en el Pleistoceno (hace 15,00010,000 anos), supone que en ella se están dando procesos ecológicos y evolutivos únicos y exclusivos de este tipo de islas. Estos procesos, que implican un reajuste de su flori y de su fauna, son de sumo interés desde el punto de vista de la biogeografía de islas y es por lo tanto un excepcional laboratorio natural donde estudiar estos fenomenos (Castroviejo, 1997b; Graves & Gotelli, 1983; Faaborg, 197o, Terborgh, 1974; MacArthur & Wilson, 1967). Las notables diferencias entre la composicior. de especies tanto de flora como de fauna entre la isla y el continente han sido puestas de manifiesto por numerosos autores (Castroviejo & Ibáñez, 2005; De la Riva, 2001; Castroviejo 1997a; Wetmore, 1957).

Por último, a pesar del escaso tiempo de aislamiento del continente en términos evolutivos, en la isla de Coiba se están produciendo fenómenos de formación de especies evidente? en numerosos grupos de animales y plantas, como ya ha sido documentado por numerosos investigadores. Hasta la fecha han sido reconocidos una subfamilia, 3 géneros, un subgénero, 64 especies y 23 subespecies, todo ellos de momento endémicos de la isla.

El destine común del conjunto de ecosis­temas, comunidades ecológicas y especies de la isla, aislados del resto de biota del continente, y las interacciones entre ellos hacen que la isla funcione como un “todo” o un “organismo independiente.

La isla de Coiba podría ser considerada como un “paisaje funcional” de acuerdo con TNC (2000). Entre los ecosistemas mas importantes de Coiba están:

1. Bosques húmedos y muy húmedos

Estos han sido descritos en Ibáñez (2001); Velayos et. al (1997); Pérez et. al. (1996) y Brenes et. al. (1993). La composición tanto de flora como de fauna de los bosques húmedos y muy húmedos de la isla de Coiba es en gran medida diferente a la de tierra firme, al haber sido afectada por los fenómenos de extinción de especies, tras el definitivo aislamiento hace unos 15,00010,000 anos.

Estudios recientes demuestran que estos bosques poseen una menor diversidad de árboles por hectárea que los de tierra firme, con un 30% menos de especies que los bosques cercanos en la región de Bahía Honda y 50% menos que los bosques del área del Canal (Ibáñez, 2005; CTFS, 2000;).

La composición florística de los bosques en Coiba es así mismo singular y diferente de los bosques continentales. Es notoria la escasez de representantes de las familias ecológicamente dominantes en el resto de la región, como las palmas o las moráceas, y al contrario, otras familias tienen una mayor diversidad que en el continente, como las mirtaceas y las melastomatáceas (Ibáñez, 2001). Comparando las floras de la isla de Coiba y la región de tierra firme mas cercana, recientemente estudiada, se ve que Coiba comparte con tierra firme solamente el 50% de sus especies, lo que es una cifra muy baja para 2 regiones tan cercanas entre si, y da una idea de los numerosos factores mal conocidos (ambientales, geográficos, históricos, etc…) y pendientes de estudio que estan afectando especies y ecosistemas en ambas regiones (Ibánez & al., 2005). Entre los factores que determinan la escasez o abundancia de especies arbóreas destaca probablemente la presencia o ausencia de determinadas especies de insectos, aves y mamíferos, afectadas así mismo por el efecto isla y que cumplen algún papel en la polinización o dispersión de semillas.

Alrededor del 80% de la isla (unas 40,000 hectáreas) esta cubierta de bosques húmedos v muy húmedos (oeste) de tierras bajas. De estos, se estima que un 60% corresponde a bosques primarios (30,000 hectáreas), no afectados por la mano del hombre en los últimos 4 siglos (se desconoce el impacto de antiguos pobladores), mientras que un 20% serian bosques alterados por la tala selectiva en la década del 80, pero actualmente bastante recuperados (unas 10000 hectáreas). Una descripción cuantitativa de los mismos se encuentra en Ibañez (2001).

2. Cativales

Los cativales más extensos de la isla de Coiba, localizados en el sur de la misma, han sido descritos detalladamente en Ibáñez (2001) y someramente en el apartado anterior. Estas formaciones son probablemente una de las más notables en toda la República de Panamá por su excelente estado de conservación y el gran tamaño alcanzado por los ejemplares (Grauel, com. per.). Como se señaló anteriormente en esta región de la isla, el cativo (Prioria copaifera) es codominante con el nazareno (Peltogyne purpurea), árbol de la misma familia (Fabaceae), que alcanza grandes dimensiones. Ambas espe­cies aparecen con individuos de mas de un metro de diámetro (dap) y alturas de 50 metros, y suponen el 90% del área basal de una parcela de una hectárea situada en la zona (Ibañez, 2001). De acuerdo con el mapa de vegetación de Panamá (ANAM & CBMAP, 2000), los cativales del sur de la isla (entre Playa Blanca y Barco Quebrado) ocupan una superficie de 758 hectáreas (1,5% de la isla). Existen otros cativales en los ríos San Juan y Santa Clara, pero se descono­ce la superficie ocupada por estos. De igual manera, no hay datos de que alguna vez hayan sido explotados por el hombre.

3. Manglares

Los manglares de la isla de Coiba han sido descritos someramente en Velayos et. al. (1997) y San Martin et. al. (1997).

En la isla aparecen manchas importantes de manglar dominados casi exclusivamente por el mangle rojo (Rhizophora mangle), aunque otras especies con menor tolerancia a la salinidad se situan en las zonas con mayor influencia de las aguas dulces, como el mangle negro (Avicennia germinans) o el mangle blanco (Laguncularia racemosa). Son formaciones que alcanzan diferentes alturas dependiendo de las condiciones ambientales de los estuarios donde crecen. Así, el manglar de San Juan se presenta muy desarrollado con árboles de hasta 30 metros de altura y grandes raíces aéreas, mientras que en Boca Grande es de poca altura, al igual que en la mayor parte de Barco Quebrado. Un área de manglar de gran interés, aunque de pequeña extensión es el de Santa Cruz, dominado en este caso por el mangle piñuelo (Pelliciera rhizophorae), que rara vez se presenta en formaciones tan puras como este de Coiba.

Algunos aspectos de la fauna asociada a los manglares de la isla de Coiba han sido recientemente estudiados, como los anélidos poliquetos (López et. al., 2003; López et. al., 1997), moluscos (Perez M. & Vásquez C., 2000; Quijano & Vega, 2000; González M. & Cáceres S., 1999) o peces (Vega & Villarreal, 2003).

Existen en la isla de Coiba unas 1,758 hectáreas de manglar que corresponden al 3,5% de su superficie (Brenes et. al., 1993). Las áreas más extensas se encuentran en los esteros del río San Juan, en el este de la isla, y en el río Barco Que­brado y Boca Grande, en el sur. Menores super­ficies aparecen en la desembocadura del río Joro y en el área de río Amarillo. En todos los casos estos manglares se encuentran prácticamente inalterados. Sólamente en el área de San Juan se han talado ejemplares para las construcciones en el área de los campamentos penales.

4. Red hidrográfica de Coiba

La isla de Coiba tiene una red hidrográfica bien desarrollada, con numerosos rios de corto recorrido y aguas limpias, que albergan una abundante fauna de invertebrados (Boyero & De Lope, 2002; Camacho & Valdecasas, 2001; Boyero & Bailey, 2001; Camacho, 1997; Garcia Valdecasas et. al., 1997). En estos ríos se han descrito varies organismos nuevos para la ciencia, como una especie de anélido oligoqueto, otra de anélido poliqueto y una subfamilia y varios géneros de ácaros acuáticos (Camacho & Valdecasas, 2001). Los peces de agua dulce de la isla han sido tratados en Dorda & Perdices (1997).

Los ríos de la isla de Coiba se describen en Cardiel et. al. (1997) y GarciaValdecasas et. al (1997). El de mayor longitud es el río Negro, con 20 km, seguido del río San Juan, con 18,5 km y Santa Clara, con 17 km. Todos ellos poseen aguas limpias, puras, de escasa mineralización como corresponde a lugares libres de toda presión humana. La mayor parte de los grande ríos forman estuarios en su desembocadura dando lugar a la formación de manglares. Solo las zonas bajas del río Catival han presentado alguna vez cierto grado de contaminación debido a la aplicación de agroquímicos en la zona de arrozales (Brenes et. al., 1993).

5. Especies endémicas de la isla de Coiba

Entre las especies (y otras categorías taxonómicas) exclusivas de la isla de Coiba se incluve: 2 especies de hongos Aphyllophorales, Antr: diella reflexa y Macrohyporia pileata (Nuner: & Ryvarden, 1999).

En el grupo de las plantas vasculares esta un género, Desmotes, y 3 especies, D. incom parabilis (Kallunki, 1992), Psychotria fosten (Hamilton, 1998) y Fleishmannia coibensis (Velayos et. al., 1997).

Se registra también la presencia de una especie de anélido oligoqueto de agua dulce (lombriz de agua), Monopylephorus camacht (Rodríguez, 1999), y una especie de anélido poliqueto de agua dulce, Pisione garciavalde casasi (San Martin et. al., 1998).

Una subfamilia y 2 generos de acaros acuaticos, Santiagocarinae (dentro de la familia Rhynchohydracarinae), Santiagoacarus y Gledhillia, han sido listados, cada uno con una especie nueva S. robustus y G. coibensis. Tam­bien se registra un nuevo subgenero del genero Rhynchohydracarus, Coibacarus, con una nueva especie, R. (Coibacarus) carmenae (Camacho & Valdecasas, 2001; Valdecasas, 2001).

Se registran 49 especies de insectos. Del grupo de los Hymenoptera se han descrito 3 Eucharitidae y 13 Chalcididae (NievesAldrey &. FontalCazalla, 2001), 16 Eucoilinae (FontalCazalla, 2001) y 17 Platygastridae (Buhl, 2002).

Otros registros corresponden a una especie de anfípodo del género Bogidiella (Ortiz et. al., 2001), una subespecie de serpiente de coral, Micrurus nigrocinctus coibensis (PerezSantos & Martinez Cortes, 1997), una especie, la colaespina de Coiba (Cranioleuca dissita), y 19 subespecies de aves (cuadro 7) (Ibáñez et. al., 1997; Wetmore, 1957).

Entre los mamíferos, se listan una especie, el ñeque de Coiba (Dasyprocta coibae) y 3 subespecies, que son la zarigüeya Didelphis marsupialis battyi, el mono aullador de Coiba Alouatta coibensis coibensis y un ciervo, Odocoileus virginianus rotschildi (Ibañez et. al., 1997).

6. Otras especies de importancia para la conservación

Además de las mencionadas especies endémicas, los bosques y otros ecosistemas de la isla de Coiba contienen especies tanto de flora como de fauna amenazadas en el resto de Panamá y, por lo tanto, la isla supone un importante refugio para las mismas (cuadros 3, 5, 7, 9, 11).

Entre las especies de árboles que han sido taladas en la mayor parte del Golfo de Chiriquí v resto de Panama, podemos resaltar el nazareno (Peltogyne purpurea), el cativo (Prioria copaifera), el nispero (Manilkara staminodella), maria (Calophyllum longifolium), espave (Anacardium excelsum), tangare (Carapa guianensis) y coco (Couratari guianensis). Especies raras en Panamá y presentes e incluso comunes en la isla de Coiba son a manera de ejemplo Podocarpus guatemalensis, Caryocar costaricense, Gymnanthes concolor, Parinari chocoensis y Pseudima frutescens, entre otras (cuadro 3).

Entre las especies de mamíferos podemos señalar las del grupo de murciélagos, listadas en el cuadro 5, muy raras en el resto de Panamá y muy sensibles a la destrucción de su hábitat (Samudio, com. per.).

Respecto a las aves, Coiba es casi el único lugar donde se encuentra la paloma de Coiba (además de la isla de Cébaco, cerro Hoya y el Montuoso) (Angehr, 2003). Aquí vive también la única población significativa de la guacamaya roja de la República de Panamá.

Coiba es sin duda un enclave importantísimo para la protección de las tortugas marinas, de las que se sabe que 4, posiblemente 5 especies, se reproducen en sus playas (De la Riva, 2001). Lo es también para el cocodrilo aguja (Crocodylus acutus) muy amenazado en gran parte de su área de distribución (cuadro 9).

Por último, los bosques de la isla actúan como protectores de las cuencas hidrográficas evitando la erosión de los suelos que ocasionaría la perdida de arrecifes y otros ecosiste­mas marinos.

ISLAS MENORES

Todas las islas menores que forman parte del Sitio Golfo de Chiriquí son consideradas como un objeto de conservación. Debido a su pequeño tamaño, el numero de ecosistemas que albergan es muy reducido, lo que hace que su diversidad sea tambien menor. Las relaciones ecológicas que se dan en estas islas son diferentes a las de la isla de Coiba y tam­bién a las del continente.

Parecen existir diferencias notables en la composición florística y faunística entre estas islas y Coiba, asi como con el continente. Hay también diferencias entre islas respecto a especies y abundancia de las mismas, debido probablemente a su tamaño y grado de aislamiento. Los estudios son muy escasos y solo se conocen algunos que citan de manera indi­vidual las islas del Parque Nacional Coiba, en el caso de mamíferos (Ibañez et. al., 1997) y aves (Garcés & Mena, 1996). Otros estudios mas recientes muestran las diferencias entre la isla Canales de Tierra y las tierras continentales de la región de Bahía Honda (Castroviejo & Ibañez, 2005).

Las principales islas del Golfo de Chiriquí, después de la isla de Coiba son: Cébaco (7,783 hectáreas), Jicarón (1,924 hectáreas), Parida (1,397 hectáreas), Brincanco (330 hectáreas), Uva (257 hectáreas), Ranchería o Coibita (242 hectáreas), Canales de Afuera (240 hectáreas), Canales de Tierra (179 hectáreas) y Jicarita (125 hectáreas), entre otras (cuadro 1). En la mayor parte de los casos están relativamente bien conservadas (excepto aquellas que tienen población humana como Parida o Cébaco), aunque en todas ha habido un cierto grado de alteración humana, bien por la tala de especies maderables (Canales de Afuera y Contreras), o por la existencia en el pasado de campamentos penales Jicarón), entre otras.

Algunas de estas islas contienen ecosistemas únicos y amenazados, como un bosque de nísperos de grandes dimensiones en la isla Paridas (Ibañez, 2003).

SANGRILLO NEGRO (Paramachaerium gruberi)

El sangrillo negro es un árbol de la familia de las leguminosas que alcanza una altura de 30 metros y hasta 1.5 metros de diámetro. Es una especie típica de bosque húmedo de tierras bajas y tiene un área de distribución restringida a la región oeste de Puerto Armuelles (Distrito del Barú, Chiriquí, Panamá), aunque recientemente ha sido descubierta; en el sur de Costa Rica (TROPICOS, 2003).

Actualmente, se encuentra solamente en los reductos de bosque primario de la Península de Burica, sobre todo en Chorogo (Santamaría, 1997), aunque muchas veces es mantenido como árbol aislado en las áreas abiertas y potreros que rodean estos bosques (Vargas, 1992). La situación de esta especie ha sido estudiada por Vargas (1992), quien ha informado de la escasez de sus poblaciones debido a la disminución de su hábitat natural y su aprovechamiento humano. Su madera, de excelente calidad, es muy apreciada en la región por su aspecto estético y gran durabilidad, por lo que es usada localmente. Se ha visto que esta especie tiene muchas dificultades para regenerarse al ser la viabilidad de sus semillas muy corta, tener un bajo número de semillas por fruto y unos requerimientos de condiciones de luz y humedad muy estrictos para su germinación (Vargas, 1992). Estas condiciones son las proporcionadas exclusivamente por el sotobosque del bosque húmedo tropical de la zona.

Las razones por las que el sangrillo negro merece ser considerado un objeto de conservación, separado de los remanentes boscosos de Burica, son, entre otras, su muy reducida distribución geográfica, sus exigentes requisitos ecológicos para llevar a cabo la reproducción, que lo hace dependiente del bosque primario su presencia como árboles aislados en áreas abiertas o potreros, que en este caso representa una importante fuente de semillas para la futura regeneración de la especie, como ha sido citado en estudios sobre otros árboles tropicales de la región (Aldrich & Hamrick, 1998).

Es una especie en peligro de extinción debido a que el área donde se encuentra esta sujeta a una fuerte presión por actividades humanas que amenazan con eliminar completamente los bosques, lo que provocaría que no hubiera condiciones apropiadas para la germinación y su ciclo biológico se viera gravemente afectado. A esto hay que añadir la tala a la que esta especie es sometida.

Actualmente quedan sólo algunos árboles maduros en los remanentes de bosques primarios al oeste de Puerto Armuelles, en Chorogo y en los bosques de galería en las cabeceras de los ríos San Bartolo, Corotú y Rabo de Puerco (Rodríguez Vargas, com. per.) (mapa 1). Se encuentran mayormente en lugares de difícil acceso que por tener una elevada pendiente no han sido usados con fines agrícolas o ganaderos. También aparece en áreas abiertas, dejados por los campesinos, como se señaló anteriormente.

MONO TITI o MONO ARDILLA (Saimiri oerstedii)

El mono titi o mono ardilla (Saimiri oerstedii), es una especie endémica del Pacífico del sureste de Costa Rica y suroeste de Panamá, que se encuentra en peligro inminente de extinción de no disminuir las presiones a las que esta sometido.

Es una especie que habita en el dosel bajo y medio del bosque, y forma las tropas mas grandes conocidas de monos neotropicales, con un promedio de 18.5 individuos por tropa (Rodríguez-Vargas, 1999). Los hábitat principales que utiliza son, por orden de preferencia: bosque ribereño, bosque secundario, bosque primario, frutales y cercas vivas. Su rango de distribución actual es ligeramente inferior al original, con una fuerte tendencia a disminuir.

Es una especie muy amenazada sobre todo por la pérdida intensiva de hábitat que viene sufriendo en las últimas 4 décadas. Otras pre­siones a las que están sometidos son la cacería para utilizarlos como mascotas, así como para su comercialización y venta al mercado internacional (de 1952-1962 se exportaba a Estados Unidos) (Rodríguez Vargas, 1999). Al ser una especie que vive en tropas tan grandes, necesita extensos territorios para alimentarse, lo que muchas veces crea problemas con los campe­sinos (Stafp, com. per.).

La mayor concentración de tropas de mono tití se encuentra en las áreas con los principales reductos boscosos de la península de Burica (53,6% de las poblaciones), así como los alrededores de las localidades de Renacimiento, Alanje, Boquerón y David. Se estima que la población total para Panamá es de 4,755 individuos distribuidos en alrededor de 275 tropas dispersas en parches de hábitat adecuados, lo que supone una densidad de 2 ind./ km2 (Rodríguez Vargas, 1999). Además de vivir en los reductos boscosos mejor conservados, es una especie que tolera las perturbaciones humanas si no son de gran magnitud y puede habitar en bosques secundarios, aunque es sobre todo dependiente de lugares con corrientes de agua, como bosques de galería.

Recientemente, ha sido elaborada una tesis de maestría sobre el estatus y otros aspectos relacionados con la conservación del mono titi, lo que supone una herramienta esencial para cualquier programa de manejo y conservación de esta especie (Rodríguez Vargas, 1999). Además, una tesis de licenciatura sobre aspec­tos relevantes de la alimentación del Saimiri oerstedii acaba de ser finalizada (Vargas, 2003).

En el mapa 1 se muestra el área con mayor cantidad de tropas del mono tití, de acuerdo con Rodríguez Vargas (1999).

PUERCO DE MONTE (Tayassu pecari)

El puerco de monte es una especie muy amena­zada en la vertiente del Pacífico de Panamá, con sólo un registro en el área de estudio, específicamente en el Parque Nacional Cerro Hoya. En Panamá hay muy pocas poblaciones de esta espe­cie y esta muy amenazada por la destrucción de su hábitat, el bosque inalterado, y también por la cacería, tanto de subsistencia como por deporte.

Es la especie de mayor tamaño dentro de su grupo y se caracteriza por tener hábitos nómadas, viajando siempre en grandes grupos de alrededor de 50 a 100 individuos. Es por esta razón que necesita de grandes extensiones de bosque que le permitan alimentar estas poblaciones (Samudio, com. pers.).

Se desconoce el estatus de las poblaciones del puerco de monte en el área de Azuero. Aunque se sabe de su presencia, hoy día muy rara vez es visto por los habitantes de este territorio (Domínguez, com. per.).

FELINOS

Todas las especies felinos se encuentran muy amenazadas hoy día en la República de Panamá, tanto por la reducción de su hábitat como por la cacería. Los felinos son los grandes predadores que mantienen la cadena trófica esencial en el mantenimiento de la diversidad, estructura y composición de los bosques tropicales (Terborgh, 1992). Su desaparición implica cambios series en las poblaciones de otras especies, condicionando sobre todo la sobreabundancia de pequeños mamíferos y, a la larga, cambios sustanc.i les en la estructura y composición de las especies arbóreas de los bosques (Asquith, 1998).

La mayor parte de estas especies necesitar. de grandes extensiones de terreno para man tener poblaciones reproductoras. En el caso de los grandes felinos, esta es de unas 5,000 hectáreas por pareja (Terborgh, 1992).

Dentro del área de estudio han sido citadas 5 especies de felinos (cuadro 5), de las cuales el tigrillo congo o yaguarundi (Herpailurus yaguaroundi es el más común y abundante, pues es el que mejor tolera los hábitat deforestados. El manigordo (Leopardus pardalis) parece estar presentes en casi toda la región, aunque es menos abundan­te que el anterior. El margay (Leopardus weidii) ha sido citado en la región de estudio solamente en Chorogo (Santamaría, 1997) y Cerro Batipa (San. J dio, 2003), mientras que los grandes felinos como el tigre o pantera (Panthera onca) y el puma (Puma concolor) han sido desplazados hacia las regiones inaccesibles del Parque Nacional Cerro Hoya. Estas últimas son especies muy raras en esta región (Domínguez, com. per.), para las cuales no se cuenta con información acerca del tamaño y estado de sus poblaciones.

Se necesitan estudios para determinar el estado y condiciones de las poblaciones de felinos en toda la región de estudio.

FASE DE DESOVE DE LAS TORTUGAS MARINAS

Todas las especies de tortugas marinas están protegidas por las leyes panameñas, a pesar de lo cual siguen estando muy amenazadas, principalmente por la caza indiscriminada para el consume de su carne y huevos. A esto hay que añadir el uso de su concha para elaborar artesanías, la ingestión de desechos plásticos que van al mar o el quedar atrapadas en las redes o anzuelos de pesca. Por lo tanto, se considera la fase de desove de las tortugas marinas como un objeto de conservación, al ser este momento el mas vulnerable en el ciclo de vida de estos reptiles.

Dentro de la región de estudio se conocen localidades donde arriban a desovar varias especies de tortugas y que son de importancia vital para su conservación (mapas 1 y 2). Estas localidades incluyen el Refugio de Vida Silvestre La Barqueta, donde se ha registrado el desove de 5 especies: la mulata o golfina (Lepidochelys olivacea) que es la más común; la verde (Chelonia mydas), la carey (Eretmochelys imbricata), la caguama (Caretta caretta) y la canal (Dermochelys coriacea) (Fuenmayor, 2001; Acosta & Palacios, 1999).

Otra zona de anidamiento de tortugas es el Refugio de Vida Silvestre Playa de Boca Vieja (INRENARE, 1994), pero no se tienen datos recientes sobre la situación de protección de estos reptiles.

Como se señaló anteriormente, la isla de Coiba es también un enclave importante para la reproducción de las tortugas marinas, de las que se sabe que 4, posiblemente 5 especies se reproducen en sus playas (De la Riva, 2001). En la época de máxima actividad del penal, los huevos y carne eran consumidos en grandes cantidades en los campamentos. Se conoce  que anidan en las playas del sur de la isla, como en Río Amarillo (N. Bastidas, com. per.), y en el occidente de esta, en Playa Brava y la playa que se extiende desde Manila a Barco Quebrado (obs. per.).

REFERENCIAS

Las referencias citadas aquí deben obtenerse de la publicación original impresa.

Ibañez, Alicia. 2006. Golfo de Chiriquí, ecosistemas y conservación de la zona insular y costera. The Nature Conservancy. Panamá. 98 pp. ISBN 9962-8912-0-5.


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