Posteado por: BPP | diciembre 22, 2007

Conservación de la Biodiversidad a través de corredores biológicos en Bocas del Toro

Conservación de la Biodiversidad a través de corredores biológicos en Bocas del Toro

Karla Aparicio
The Nature Conservancy
 
San San Pond Sak, desembocadura del Ro ChanguinolaVista de la Cuenca Alta del Ro Changuinola, Parque Internacional La Amistad
Foto: BD Panamá.  Los humedales de San San Pond Sak, están conectados biológicamente con el Parque Internacional La Amistad (PILA) a través del Río Changuinola.  Varias especies de peces son diádromos y recorren aguas arriba y aguas abajo entre la cuenca alta del Río Changuinola y el Humedal de San San y Pond Sak 

El área de estudio se localiza en la porción de la vertiente Atlántica panameña que incluye la provincia de Bocas del Toro y cerca de un 60% del territorio de la Comarca Ngöbe-Buglé. Aquí se ubica la mayor variación de vegetación natural del país, entre las tierras bajas del Caribe y las cimas de la cordillera de Talamanca. El conjunto de características ecológicas presentes en esta región ha llevado a la creación de 6 áreas protegidas: el Parque Internacional La Amistad, el Bosque Protector de Palo Seco, el Humedal San San Pond Sak, el Humedal de las Lagunas de Damani, la Reserva Forestal Fortuna (vertiente Atlántica) y el Parque Nacional Marino Isla Bastimentos. Exceptuando las Lagunas de Damani, todas las áreas protegidas mencionadas forman parte de la Reserva de la Biósfera de La Amistad, reconocida mundialmente por su extraordinaria diversidad biológica.

No obstante, aunque estas áreas representan un porcentaje importante del territorio de la región, su diseño no facilita la conexión entre las tierras altas y los piedemonte (La Amistad, Fortuna y Palo Seco), con aquellas que protegen ecosistemas costeros y marinos (Lagunas de Damani, San San y Bastimentos). En consecuencia, la ejecución de una estrategia que facilite la conexión de estos ecosistemas a lo largo de diferentes pisos altitudinales, busca, además, generar una oportunidad para implementar el concepto de manejo de corredores biológicos entre áreas legalmente ya protegidas.

Las características ecológicas en el área de estudio están determinadas por la presencia de una alta cobertura boscosa, que ocupa cerca del 75% de este territorio. En general, la vegetación en el área corresponde a bosques maduros, bosques intervenidos, bosques inundables mixtos, manglares, cativales, oreyzales, rastrojos, vegetación baja inundable, plantaciones y pastizales (ANAM, 2000a).

Las mayores porciones de bosque maduro se localizan en las tierras altas y zonas de piedemonte, donde, desde el punto de vista ecosistémico, se ubican los bosques submontanos, montanos, altimontanos y nubosos (ANAM, 2000b). En esta región, los bosques intervenidos, los rastrojos, las plantaciones y los pastizales se localizan principalmente en las tierras bajas, y son producto de las actividades humanas que se dan en esta zona (ANAM, 2000b).

Por su parte, los bosques inundables mixtos, manglares, cativales, oreyzales y vegetación baja inundable se ubican en la zona de humedales y áreas costero-marinas e insulares. Geográficamente, la provincia de Bocas del Toro tiene una superficie de 4,644 km2. Su población es de 89,269 habitantes, distribuidos tanto en tierra firme como en el archipiélago. Este último está constituido por 9 islas, 51 cayos y más de 200 islotes. La mayor parte de la provincia se ubica en la cadena montañosa de la cordillera Central, una proyección de la cordillera de Talamanca, en Costa Rica y de la Serranía del Tabasará, donde nacen los extensos y caudalosos ríos Sixaola, Changuinola y Teribe.

La temperatura varía desde los 18C en las grandes alturas, alcanzando los 34C hacia la zona costera en la corta estación seca. La precipitación varía de los 2,000 mm, en las planicies costeras, hasta más de 3,500 mm en la región montañosa.

La Comarca Ngöbe-Buglé, por su parte, tiene 6,959 km2 de superficie. Su población es de 110,080 habitantes. Dentro de sus límites se ubican importantes puntos geográficos de la cordillera Central, donde emergen las cuencas hidrográficas de caudalosos ríos como el Cricamola, Guariviara, Chiriquí, Guarumo y Calovévora, y los humedales de las lagunas de Damani y Jugli.

La temperatura oscila entre los 20-30C, pudiendo ser más baja en las áreas montañosas. La precipitación anual es de más de 3,000 mm. La población asentada en el área de estudio está mayormente integrada por los grupos indígenas Bri Bri, Naso, Ngöbe y Buglé.

Los Bri Bri son un grupo minoritario, con unas 2,500 personas, localizadas en la cuenca del río Yorkín, afluente del río Sixaola.

Los Nasos, con unas 3,300 personas, se ubican en 11 comunidades a lo largo del río Teribe.

Los Ngöbes (o Guaymíes) y los Buglés (o Bokotas) son 2 culturas lingüísticamente diferentes. Los Ngöbe son cerca de 180,000 personas, es decir cerca del 50% de todos los indígenas en Panamá, mientras que los Buglé suman tan sólo 10,000 (Ventocilla, 2004).

Corredores biológicos

En el documento “Conceptualización y criterios para el diseño y establecimiento de corredores biológicos en Mesoamérica”, elaborado por el CBM (2001), se discute acerca de las múltiples discrepancias entre diferentes autores para la definición y aplicación del concepto de corredor biológico. Las discusiones acerca de este concepto se han dado tanto en el ámbito científico como político y social. El principal cuestionamiento surge en torno a la función de un corredor biológico. Por ejemplo, aún no está claro si es mejor crear un corredor o zona de interconexión entre parches de bosque, aumentar el tamaño de alguno de los parches o mejorar su manejo.

Otras discusiones surgen de la poca evidencia que existe de si estos parches de bosque son utilizados y, si este es el caso, cómo son utilizados, ya que pueden facilitar también la diseminación de enfermedades y/o la introducción de depredadores o competidores, lo que en algunos casos puede interpretarse como una amenaza para la biodiversidad (Sutherland, 1998).

Pese a las diferencias de opinión y a la falta de evidencia sobre la funcionalidad de los corredores, existe un consenso general acerca de que conservar mayores extensiones de áreas silvestres es mejor que no hacerlo. Es en este sentido que el concepto de corredores varía desde ser una herramienta aplicable a la conservación de la biodiversidad hasta una estrategia para manejar paisajes modificados. También se les considera como una alternativa para complementar la conservación de las áreas naturales protegidas cada vez más aisladas.

Lo cierto es que el concepto de “corredores” ha evolucionado y de hecho se manejan términos similares, como corredores de vida silvestre, enlaces paisajísticos, corredores de dispersión, cinturones verdes (“green belts”), vías verdes (“greenways”) y otras formas de conectividad (Bennett, 2004).

En este sentido, Simberloff y Cox (1987) señalan que una red de refugios conectados por corredores aseguraría la subsistencia de especies que requieren más recursos que los disponibles en uno solo, y así las amenazas de depresión endogámica y la estocasticidad demográfica se reducirían per se.

Las varias maneras en que ha sido definido el término “corredores”, llevó a Bennett (2004), en su libro “Enlazando el paisaje: el papel de los corredores y la conectividad en la conservación de la vida silvestre”, a señalar que lo importante es iniciar procesos que promuevan la “conectividad”. Es decir, que se debe enfatizar en los patrones del paisaje que faciliten la conectividad para especies, comunidades y procesos ecológicos, como elemento clave para la conservación de la naturaleza en ambientes modificados. De esta forma, la conectividad se puede incrementar con una serie de configuraciones de hábitat y no sólo por medio de corredores.

Una definición de corredor biológico propuesta por CBM (2001) y que se considera adecuada para los propósitos de este estudio, es la siguiente: “Un Corredor Biológico es un territorio que proporciona conectividad entre paisajes, ecosistemas, y hábitat, sean éstos naturales o modificados, asegurando el mantenimiento de la diversidad biológica y los procesos ecológicos”. No obstante, aunque existan distintos argumentos sobre la función que pueden cumplir los corredores biológicos, éstos están siendo implementados a nivel mundial para una variedad de propósitos, ya sea para beneficiar algunas especies y/o comunidades biológicas completas, como para que rindan beneficios ambientales, recreacionales y sociales. En este sentido, un proyecto que involucra corredores y que se ha convertido en un modelo pionero en cuanto a la responsabilidad de manejo es el Corredor Biológico Talamanca-Caribe, en Costa Rica, implementado en 1991. Este corredor interconecta a las reservas costeras de Cahuita y Gandoca-Manzanillo, con los Parques Nacionales Hitoy-Cerere y La Amistad, en la vertiente Caribeña de Costa Rica.

Para alcanzar sus objetivos, pone en acción diversas técnicas para maximizar la protección de los bosques, ya sea a través de la compra de parcelas importantes o apoyando a los grupos locales mediante la promoción de actividades agrícolas de bajo impacto, así como acciones cooperativas (Palminteri et al., 1999). No obstante, quizás la estrategia más conocida a nivel regional sobre implementación de corredores biológicos sea el Proyecto Corredor Biológico Mesoamericano (CBM), que surge a principios de la década de los 90s, como una iniciativa multinacional para mantener la conectividad ecológica desde el Darién panameño hasta la Selva Maya en el sureste de México (CBM, 2003).

A través de la Comisión Centroamericana del Ambiente y Desarrollo (CCAD), todos los gobiernos de la región se comprometieron a conectar sus áreas protegidas con corredores biológicos para especies, comunidades y procesos ecológicos, y así promover la viabilidad perpetua de las especies (CBM, 2002). Según la declaración de la XIX Cumbre de Presidentes de Centroamérica de 1997 (CBM, 2003), el CBM es “un sistema de ordenamiento territorial compuesto de áreas naturales bajo regímenes de administración especial, zonas núcleo, de amortiguamiento, de usos múltiples y áreas de interconexión, organizado y consolidado que brinda un conjunto de bienes y servicios ambientales a la sociedad centroamericana y mundial, proporcionando los espacios de concertación social para promover la inversión en la conservación y uso sostenible de los recursos.” La estrategia antes descrita es impulsada a través del Proyecto para la Consolidación del Corredor Biológico Mesoamericano, que por 6 años contribuirá a integrar y fortalecer todos los esfuerzos locales, nacionales y regionales para la construcción del CBM.

Dinámica de poblaciones y comunidades

En las últimas 2 décadas, han surgido algunas teorías que han ayudado a los ecólogos a entender cómo la configuración espacial de los hábitat afecta la dinámica de las poblaciones y las comunidades, y en consecuencia, cómo se afecta la distribución de la biodiversidad. Los biólogos de la conservación han tomado estas teorías, tratando de convertirlas en guías para el manejo de especies y comunidades. Tres de estas teorías están fuertemente relacionadas con el concepto de corredores biológicos. Estas son dinámica de las metapoblaciones, dinámica de fuentes y sumideros, y dinámica de la perturbación. La teoría de metapoblaciones plantea que las especies existen en un equilibrio dinámico entre la extinción y la recolonización de poblaciones locales en parches de hábitat.

El término metapoblación o población de poblaciones fue acuñado por Levin en 1970. Según este modelo, una metapoblación es una red de subpoblaciones que tienen tendencia hacia la extinción, ocupando un mosaico de parches de hábitat. Las subpoblaciones habitan en parches idénticos y están sujetas a iguales e independientes probabilidades de extinción y recolonización. En este modelo, la metapoblación tiene un equilibrio, que depende sólo de las tasas de extinción y recolonización. Mientras nuevas poblaciones se creen a una tasa que iguale o exceda la tasa de extinción, la metapoblación se mantendrá. La clave de la persistencia es lograr una dispersión que sea suficiente para mantener el equilibrio. Esta teoría sugiere que no podemos conservar poblaciones individuales separadamente de su contexto regional; que promover la idea de corredores y otras formas de conectividad del paisaje puede ser una buena idea y que existe la posibilidad de que especies ampliamente distribuidas se extingan regionalmente en respuesta a la degradación gradual de una red regional de hábitats (Hoopes y Harrison, 1998).

La teoría de fuentes y sumideros plantea que las poblaciones existen en hábitat heterogéneos que incluyen áreas en las que se producen excedentes en la población (fuentes) y áreas en las cuales la población no se puede reemplazar a sí misma sin inmigración (sumideros). Lo anterior es una elaboración de la teoría de metapoblaciones, en la que los parches de hábitat ya no son idénticos en su capacidad de sostener poblaciones de organismos. Esta teoría señala que algunas poblaciones pueden ser dependientes de unos pocos hábitat clave, los cuales no necesariamente corresponden a aquellos en los que la especie es más abundante (Hoopes y Harrison, 1998). La teoría de perturbaciones plantea que las comunidades existen en mosaicos espaciales y temporales y que la diversidad depende del mantenimiento de niveles apropiados de perturbación.

Una perturbación ecológica es un evento que causa la pérdida rápida de una porción importante de la biomasa de un área. Estas perturbaciones pueden ser abióticas, como huracanes, fuegos, inundaciones o avalanchas; o bióticas, como el pastoreo y la excavación de los topos. Un atributo importante de las perturbaciones es su habilidad para cambiar la estructura de las comunidades bióticas y ecosistemas mediante la alteración de la abundancia de especies individuales (Hoopes y Harrison, 1998). Esta teoría ha tenido un tremendo valor al cuestionar la teoría del equilibrio que una vez prevaleció en los modelos ecológicos. Como resultado, en la actualidad los planes de conservación incorporan fuegos, pastoreo y otras formas de perturbaciones manejadas, algunas de las cuales han tenido éxito en mantener o restaurar comunidades naturales. Por otra parte, Sutherland (1998) indica que las teorías ecológicas nunca deben ser transformadas en reglas generales. Estas teorías, apropiadamente entendidas proveen la base para hipótesis que aún deben ser probadas en campo.

Migraciones altitudinales

Según Palminteri et al. (1999), la migración altitudinal es un fenómeno periódico en que las especies se reproducen en determinado plano altitudinal y luego migran a otra altitud. En el caso de las aves, a lo largo del año reproductivo algunas especies frugívoras u otras que se alimentan de néctar, requieren de alimentos variados que se encuentran a diferentes altitudes (Powell com. pers., en Palminteri et al., 1999) y necesitan que éstos se encuentren relativamente cercanos para poder forrajear mientras migran.

Lo anterior es uno de los argumentos utilizados para la implementación de corredores biológicos altitudinales como una estrategia que favorece la conservación de especies con estos requerimientos. Los estudios realizados por Collar et al. (1992) y Wege & Long (1995) señalan que la conexión boscosa entre las tierras altas y las tierras bajas de áreas protegidas es una iniciativa necesaria para la conservación de especies amenazadas a nivel mundial, consideradas “especies insignias”. Para el caso del Neotrópico se hace especial referencia a especies de aves, como la cotinga sombrilla cuellinuda (Cephalopterus glabricollis) y el campanero tricarunculado (Procnias tricarunculata), al igual que la guacamaya verde (Ara ambigua), las cuales serían beneficiadas debido a que son reconocidas por sus migraciones altitudinales.

Estudios realizados en la cordillera de Los Andes, en Colombia, indican que la extensión del gradiente altitudinal es un factor importante, que contribuye a la alta diversidad en las comunidades naturales. Esto se debe a que los grupos de especies que usualmente ocurren a lo largo de rangos altitudinales se van reemplazando con la altura. Por ejemplo, a lo largo de un rango de 1,000 metros, en el piso altitudinal que va de los 1,600 a los 2,600 metros en el Parque Regional Ucumarí, en los Andes Centrales, tres grupos diferentes de aves han sido identificados: uno restringido a la mitad más baja del gradiente, otro restringido a la mitad más alta y un tercer grupo común a todo el rango altitudinal (Naranjo, 1994), citado en Kattan y Álvarez-López, 1996). De esta manera, el mantenimiento del hábitat a lo largo de rangos altitudinales resulta en la conservación de más especies de la que se hubiera logrado conservando un área similar en un solo piso altitudinal. De igual forma, la fragmentación a lo largo de un gradiente altitudinal resultaría en la extinción local de poblaciones aisladas de sus límites altitudinales (Kattan y (Álvarez-López, 1996).

Otro dato documentado de migración altitudinal es el del quetzal resplandeciente (Pharomachrus mocinno) en Costa Rica. Powell y Bjork (1995) dieron seguimiento a los desplazamientos de estas aves por medio de radiotelemetría, descubriendo que anidaban a altitudes de 1,500-1,800 metros, en laderas de ambas vertientes de las reservas en el área de Monteverde. Los quetzales resplandecientes, después de reproducirse, se desplazaban en busca de alimento hacia las áreas ubicadas fuera del sistema de reservas, como a las partes bajas de la vertiente del Pacífico, donde permanecían por 3 a 4 meses; desplazándose luego a la vertiente Atlántica por 2 a 3 meses, para regresar posteriormente a su área de cría. Luego de estos datos, el sistema de reservas se amplió en la vertiente Atlántica, mientras que en el Pacífico se recomendó asegurar un mosaico de fragmentos forestales interconectados, pues casi todo el territorio era propiedad privada (Bennett, 2004).

Por su parte, Almeida (2000) empleó a los grandes felinos, como el jaguar (Panthera onca) y el puma (Puma concolor), como indicadores del estado ambiental para valorizar áreas de interconexión (corredores biológicos) con áreas adyacentes (zonas de amortiguamiento) en el Parque Nacional Corcovado de Costa Rica. Este ejemplo es importante para documentar la necesidad de este tipo de corredores para especies con amplios rangos hogareños, cuyos desplazamientos son tanto altitudinales como latitudinales.

Ramírez y Ramírez (2004) señalan que una de las medidas de emergencia para asegurar la sobrevivencia del jaguar es crear corredores que unan fragmentos de bosques más pequeños, dada su gran capacidad de dispersión. También se han documentado procesos migratorios en el grupo de las mariposas, aunque para la mayoría de las especies no se conoce por qué migran o a dónde van los individuos.

En todo el mundo se han descrito las migraciones de nubes de piérides, que vuelan a través de mares, sobre montañas y a lo largo de las costas, y, en las tierras interiores. Las especies migratorias mejor conocidas son de los géneros Ascia y Phoebis, en el Nuevo Mundo, y Catopsilia en el Viejo Mundo. Posiblemente muchas de las especies de Coliadinae y Pierinae son también migratorias, aunque ellas no presenten las migraciones espectaculares de Phoebis (DeVries, 1997). En Costa Rica, son comunes las migraciones en distintos gradientes altitudinales para la mayoría de las especies de mariposas. Estas migraciones son influenciadas por cambios en las estaciones o cambios en los patrones locales del clima. Debido a que la mayoría de estas especies se encuentran en constante movimiento, es difícil definir o delimitar el hábitat de una en particular (DeVries, 1997).

Otros estudios también sugieren que una alta diversidad de especies de mariposas puede ser mantenida en hábitat fragmentados, sobre todo si ellas ocurren en hábitat riparios a lo largo de un gradiente altitudinal, acompañado de una diversidad en los estados sucesionales del bosque (Kattan y Álvarez-López, 1996). No obstante, más allá de sus funciones de facilitar la migración altitudinal, los corredores biológicos deben permitir el incremento de las áreas naturales, aumentando las probabilidades de supervivencia de las poblaciones más pequeñas. Algunos de los potenciales beneficiarios son los mamíferos arbóreos que viven en el estrato medio y el dosel del bosque y que dependen de las enramadas de árboles y lianas para desplazarse (Bennett, 2004).

La observación del mono araña (Ateles geoffroyi) en el Corredor de La Mula, el cual conecta a Lomas de Barbudal con el Parque Nacional Palo Verde en Costa Rica, demuestra la utilidad de los corredores para la conservación de esta especie (Timm, 1994). La distribución natural de las especies y comunidades suele estar determinada por variables, tales como, disponibilidad de alimento, humedad y temperatura, entre otras. En este sentido, estudios genéticos realizados en vertebrados del bosque húmedo señalan que los cambios históricos en el clima han afectado fuertemente los rangos y la conectividad de las poblaciones, debido a sus efectos sobre la distribución de los bosques húmedos.

Las especies que han sido substancialmente afectadas por estos eventos en el pasado pueden también ser sensitivas a los cambios futuros provocados por el calentamiento global. Para estas especies en particular, se deben implementar estrategias de manejo que les permitan ir generando cambios geográficos en los hábitats preferidos y requeridos, a medida que las condiciones climáticas cambian, en el corto o mediano plazo. Lo anterior pone en evidencia la necesidad de establecer reservas a lo largo de gradientes altitudinales, y la creación de corredores de interconexión y zonas de amortiguamiento apropiados (Moritz, et al., 1997).

Estudios realizados en el propuesto Corredor Altitudinal de Gualaca (Valdespino y Santamaría, 1999) documentan la migración altitudinal de algunos peces marinos, asociada a su ciclo de reproducción, regímenes hidrológicos y disponibilidad de alimento. Estos datos indican que durante ciertas épocas estos peces remontan los ríos para reproducirse y alimentarse. Adicionalmente, algunas especies de peces dulceacuícolas bajan los ríos para desovar en la zona de la desembocadura al mar, y posteriormente, los alevines suben a los hábitat de sus progenitores para desarrollarse.

Otras especies presentes en este propuesto corredor, y que también realizan procesos migratorios relacionados con la disponibilidad de alimento incluyen al campanero tricarunculado (Procnias tricarunculata) y algunas especies de murciélagos, tales como, Artibeus phaeotis y Carollia perspicillata (R. Samudio, com. pers., en Valdespino y Santamaría, 1999).

EXPERIENCIAS NACIONALES EN FORMULACIÓN E IMPLEMENTACIÓN DE CORREDORES BIOLÓGICOS

La primera propuesta desarrollada en Panamá para el establecimiento de corredores biológicos como parte de una estrategia para la conservación de la diversidad biológica en el país surge del “Plan Nacional de Áreas Protegidas y Corredores Biológicos”, desarrollado por Tovar (1996), para el entonces Instituto Nacional de Recursos Naturales Renovables (INRENARE), actualmente Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM). Este “Plan Nacional de Áreas Protegidas y Corredores Biológicos” tuvo como objetivo revisar las prioridades de conservación de las áreas protegidas del país, así como elaborar una propuesta técnica para el establecimiento de corredores nacionales, dentro del marco de la preparación del Proyecto Regional del Corredor Biológico Mesoamericano. Su elaboración tuvo como base un proceso de planificación participativa, con consultas a expertos nacionales y visitas de campo.

Mediante este proceso de planificación participativa, no sólo se caracterizaron las áreas protegidas, sino que se identificaron las zonas de transición entre éstas y su papel para asegurar la conservación de la biodiversidad del país. La función de estas zonas de transición como corredores biológicos debería permitir el flujo continuo de material genético de las especies clave.

Durante ese análisis, se utilizaron como indicadores de biodiversidad a especies amenazadas o en vías de extinción, como el águila harpía (Harpia harpyja), y animales con amplios rangos de dispersión, como el tapir (Tapirus bairdii). Esta primera propuesta de corredores para Panamá recomendó el aumento de la extensión territorial de 10 áreas protegidas ya declaradas y el establecimiento de 26 nuevas áreas, así como la creación de 23 corredores biológicos locales.

Además, se plantearon una serie de elementos a considerar para la entonces propuesta del Corredor Biológico Mesoamericano (CBM). Algunos de estos elementos se referían a la necesidad de facilitar la planificación, manejo y desarrollo de corredores biológicos locales, priorizando los que conforman o se interconectan al CBM, así como los que interactúan en regiones fronterizas.

Igualmente, se recomendó el desarrollo de estudios zoogeográficos, monitoreos estacionales, caracterización de ecosistemas e identificación de hábitat críticos, entre otros. Para el área de este estudio, Tovar (1996) propuso 4 corredores biológicos: el Corredor Altitudinal de Palo Seco, el Corredor Biológico Caribeño, el Corredor Refugios Boscosos Islas de Bocas del Toro y el Corredor Biológico Altitudinal Teribe-San San Pond Sak.

Posteriormente, en 1998, la Asociación Nacional para la Conservación de la Naturaleza (ANCON), retoma uno de los corredores propuestos por Tovar (1996) y realiza el estudio “Evaluación Ecológica del Propuesto Corredor Biológico Altitudinal de Guanaca, Provincia de Chiriquí, República de Panamá” (Valdespino y Santamaría, 1999). El objetivo del estudio elaborado por ANCON fue obtener información biológica y socioeconómica que permitiera evaluar el estado de conservación de los recursos naturales, así como la función biológica del sitio como corredor altitudinal. Para esto se realizó trabajo de campo dirigido a caracterizar los principales componentes ecológicos, biológicos y socioculturales del área de estudio. También se tomó en cuenta la participación de las comunidades localizadas en el sitio, mediante el desarrollo de reuniones y talleres. Desde el punto de vista ecológico, se realizó una caracterización completa de la vegetación presente y su estado de conservación, así como de las especies de flora y fauna asociadas. Los grupos faunísticos considerados fueron mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces.

Adicionalmente, se elaboraron una serie de mapas que documentaron detalladamente las características geográficas, ecológicas y socioeconómicas de este corredor. Los resultados del estudio del Corredor Altitudinal de Gualaca señalaron que su funcionalidad, principalmente para los mamíferos terrestres, dependería del movimiento que las especies pudieran realizar mediante las interconexiones entre los fragmentos de vegetación que hay en el sitio, y a través de bosques de galería y cercas vivas. Lo anterior se debe a la fuerte degradación de las áreas boscosas en la zona intermedia de este corredor, así como a la presencia de la carretera panamericana, que actúa como una barrera física que limita el movimiento de los animales terrestres. No obstante, se identificaron áreas que guardaban residuos de la flora y fauna local, en donde sería posible ubicar corredores locales de menor escala.

Algunas de las especies de fauna identificadas en estas áreas corresponden a animales con amplios rangos hogareños, como el jaguar (Panthera onca), el puma (Puma concolor) y el saíno (Tayassu tajacu), entre otras. Como se comentó anteriormente, este estudio documentó la ocurrencia de procesos migratorios para el campanero tricarunculado (Procnias tricarunculado), así como para algunas especies de murciélagos y peces, asociados a la disponibilidad de alimentos, áreas de cría y hábitats propicios para su desarrollo. Por último, este estudio identificó áreas críticas para la conservación y manejo especial en el Corredor Altitudinal de Gualaca, donde sería posible establecer corredores locales.

Para estas áreas se propusieron una serie de acciones encaminadas a garantizar el flujo y la protección de las especies presentes. No obstante, y coincidiendo con lo dicho por Tovar (1996), se planteó la necesidad de integrar la participación de la población local, así como organizaciones de apoyo en el desarrollo de esta iniciativa, conciliando intereses comunes, dirigidos a promover el desarrollo ecológico, social y económico del área de estudio. También en 1998, inicia en Panamá la implementación del Proyecto Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico Panameño (CBMAP), diseñado para ser ejecutado en 5 años.

El desarrollo de esta iniciativa tuvo como punto de partida el estudio de corredores desarrollado por Tovar (1996). Este proyecto ambiental, financiado por el Fondo Global de Ambiente (GEF), se enfocó en la conservación de ecosistemas que aún permanecían intactos, en lugar de tratar de restablecer o rehabilitar los terrenos convertidos. Con este criterio se priorizó la vertiente Atlántica de Panamá y los ecosistemas contiguos aún intactos, ubicados en la región Pacífica del Parque Nacional Darién. Mediante la interconexión de estas áreas se buscaba conservar un corredor biológico sin interrupciones en Panamá, desde su frontera sur con Colombia hasta su frontera norte con Costa Rica.

El objetivo del CBMAP fue la promoción de acciones de conservación, aprovechamiento y manejo de la diversidad biológica en la porción panameña del Corredor Biológico Mesoamericano. Para esto, se tomó en cuenta la necesidad de incentivar y facilitar el desarrollo sostenible, mejorando la calidad de vida de las comunidades rurales del país, mediante el establecimiento de prácticas de uso de la tierra amigables con el ambiente.

Entre las actividades enfocadas a la identificación de acciones específicas para asegurar la conexión entre los ecosistemas mejor conservados dentro del CBMAP, estuvo la elaboración de un mapa de vegetación de Panamá (ANAM, 2000b), donde se identificaron 24 tipos de vegetación natural, más otros 4 para los sistemas productivos. Este esfuerzo buscaba establecer una línea base de conocimiento del estado de estos ecosistemas, sobre todo en la vertiente Atlántica, así como medir posibles cambios a través del tiempo, mediante la actualización periódica de la información. Un primer ejercicio de detección de cambios se realizó en el 2004, lo que permitió dar el paso inicial para desarrollar la línea base, como parte del establecimiento de un sistema de monitoreo de la diversidad biológica en el territorio del CBMAP.

Dentro de este marco, se desarrollaron estudios complementarios en cinco áreas prioritarias para el mantenimiento del corredor biológico: el Parque Internacional La Amistad, el Parque Nacional Volcán Barú, el Bosque Protector Palo Seco, el Humedal San San Pond Sak y las Lagunas de Damani-Guariviara. Los estudios identificaron la necesidad de mantener, y de ser posible aumentar, la conexión de los ecosistemas de La Amistad con Volcán Barú y Palo Seco, para garantizar la continuidad de los procesos ecológicos y el flujo genético de las especies de plantas y animales presentes.

También se identificaron áreas clave para la conservación, a nivel de corredores locales, como son los bosques ribereños, que representan conexiones naturales entre hábitat diferentes, y que son usados para el movimiento de muchas especies de fauna, como mamíferos y aves migratorias (ANAM, 2004b, c y d). En 2003, el CBM publicó el documento “Caracterización de corredores locales de desarrollo sostenible en el área prioritaria de la región occidental de Panamá” (mapa 1). Mediante un proceso técnico-participativo, el estudio elaborado por el CBM (2003) presenta una caracterización de las áreas protegidas ubicadas en la región occidental de Panamá, utilizando criterios biológicos, ecológicos, sociales, económicos, agrológicos y culturales, que generaron información actualizada.

Esta caracterización permitió hacer recomendaciones y propuestas de corredores locales de desarrollo sostenible entre áreas protegidas y ecosistemas importantes, de acuerdo con los objetivos y conceptos del CBM. En el documento del CBM (2003) se identificaron 4 corredores para la provincia de Bocas del Toro y la Comarca Ngöbe- Buglé, los cuales ya habían sido previamente enunciados por Tovar (1996), de forma parcial o total. Estos corredores son: el Altitudinal Teribe-San San Pond Sak, el Ngutduro o de Montaña, el Península Valiente-Río Chúcara y La Gloria.

CORREDORES BIOLÓGICOS PROPUESTOS PARA LA CONSERVACIÓN DE LA BIODIVERSDIDAD A LARGO PLAZO

El marco de referencia para este estudio tuvo dos insumos principales. El primero surgió del análisis de las primeras propuestas desarrolladas en el país para el establecimiento de corredores biológicos, y que corresponden a los trabajos elaborados por Tovar (1996) y CBM (2003). El segundo insumo estuvo relacionado con la revisión de literatura científica, a partir de la cual se identificaron las especies que pudieran estar utilizando el área de estudio para realizar migraciones altitudinales o para dispersarse ampliamente.

La información bibliográfica relacionada con la identificación de las especies potenciales fue complementada con los resultados de la consulta comunitaria. Los datos de avistamientos de especies potenciales recopilados durante este proceso de consulta fueron determinantes para la selección final de las especies de mamíferos, aves y peces potenciales para el área de estudio. Por otro lado, los muestreos de campo fueron la base para la identificación de las especies de mariposas migratorias y sus rutas de dispersión.

Primeras propuestas para el establecimiento de corredores biológicos

Las primeras propuestas de corredores para el país surgen del estudio realizado por Tovar (1996). Específicamente para el área de estudio, Tovar propuso los siguientes corredores: el Corredor Altitudinal de Palo Seco, el Corredor Biológico Caribeño, el Corredor Refugios Boscosos Islas de Bocas del Toro y el Corredor Biológico Altitudinal Teribe-San San Pond Sak.

Posteriormente, el Proyecto CBM, retomó algunos de los corredores propuestos por Tovar (1996), como base para la elaboración de una caracterización de corredores de desarrollo sostenible (CBM, 2003), entre los que se identificaron total o parcialmente los cuatro antes mencionados.

Para el análisis de estas primeras propuestas de corredores se consideró una selección de criterios relacionados específicamente con las funciones ecológicas que éstos cumplen, como son: el número de áreas protegidas que se interconectan, la presencia de especies que realizan desplazamientos altitudinales y/o amplios movimientos de dispersión, y la función biológica que desempeñan.

Los resultados del análisis de los corredores propuestos por Tovar (1996) indican que aunque todos cumplen la función general de un corredor de facilitar la conectividad entre hábitat y ecosistemas, favoreciendo los movimientos de especies con grandes rangos de dispersión, no se contaba con documentación a esa fecha que indicara la presencia de especies usuarias potenciales ni de sus rutas migratorias estacionales.

Por su parte, la propuesta de CBM (2003), reformula los límites geográficos de los corredores propuestos por Tovar, dándoles nueva denominación y considerando la interconexión de un mayor número de áreas protegidas. De hecho, este estudio documenta la presencia de especies que realizan migraciones altitudinales y que mantienen amplios rangos hogareños. Los corredores propuestos por el CBM que cumplen con los criterios seleccionados por este estudio son: el Altitudinal Teribe-San San Pond Sak, el Ngutduro o de Montaña, el de Península Valiente-Río Chúcara y el de La Gloria. Tanto el corredor Teribe-San San Pond Sak como el de La Gloria tienen cualidades que favorecen la presencia de especies que realizan migraciones altitudinales, aunque no se mencionan nombres específicos.

Por su parte, para el corredor Ngutduro o de Montaña se registra la presencia de especies con amplios rangos de dispersión como son: el puma, el tapir y el jaguar. En el caso del Corredor Península Valiente-Río Chúcara, aunque a diferencia de los otros 3 no es altitudinal, interconecta los ecosistemas marino-costeros y de tierras bajas con los ecosistemas de tierras altas de la comarca Ngöbe-Buglé, en el área que corresponde al Corredor Ngutduro o de Montaña.

FUENTE:

Aparicio, Karla. 2006. Sitio La Amistad, Panamá: conectando pisos altitudinales mediante corredores biológicos / Karla Aparicio, Indra Candanedo, Raúl Martínez y Francisco Delgado. – Panamá: The Nature Conservancy, 2006. 106p. ; 29 cm. ISBN 9962-8912-1-3

En pdf: http://www.parksinperil.org/espanol/files/cam_e_4_conectando_pisos.pdf


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